El armario común

Corbatas & Pañuelos

La puerta del armario se abrió de golpe inundando de luz el interior oscuro donde, en el lado interno, de una de sus puertas, las tres decenas de corbatas de Eduardo se apretaban unas a otras temblorosas por el vaivén de la puerta y curiosas por saber lo que pasaba. En la otra puerta, vacía, se extrañaba la presencia de los pañuelos de cuello femeninos, que semanas atrás la mano femenina de Cecilia hizo desaparecer. La vida en el armario se volvió triste e incierta con su ausencia.

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Lo que se empieza, se acaba…

Sentado al otro lado de la mesa, después que se fueron los demás, fui consciente de dos cosas. La primera, que la mezcla de vino y güisqui me había dejado acalorado y me había hecho algo de efecto. Y a Julieta también, porque pude ver cierto brillo de transpiración en su frente y arriba de su labio superior. La segunda fue que ella no llevaba sostén y sus pezones se destacaban oscuros debajo del blanco de su blusa. Como esta era amplia, eso no me había dejado darme cuenta hasta ese momento. Creo que me pregunté si no lo habría hecho a propósito (no llevar sostén) aunque deduje que, lo más probable es que lo habría hecho por comodidad.

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