Hombres con capacidad de enternecerse y de implicarse emocionalmente por las cosas que pasan, que entienden las cosas que le duelen a otras personas y eso les lleva a «hacer política», porque les duelen las cosas y porque ésta sociedad es terrible. Y si no hacemos nada – los hombres – para cambiarlo, nuestra vida no será lo que desearíamos que fuera. Uno puede ser culto, leído, curioso, saber escuchar, entender , racionalizar, pero si no tenés la empatía necesaria para saber conectar emocionalmente con el prójimo próximo, hay algo que falta. Sabemos que hay muchas mujeres víctimas de la crueldad patriarcal y si uno no logra empatizar emocionalmente con eso, será complicado que puedas apoyarlas e implicarte. Sé que no es fácil incluir el feminismo en el ámbito de la política social actual, pero si siendo hombre podés darte cuenta de lo que pasó y pasa a las mujeres de tu entorno y de la realidad sangrante en el submundo en vías de desarrollo de países empobrecidos, si uno logra «abrirse» fluirán conexiones variadas ya sea de raza, clase, amigas, tu vida pasada y empezarás a ver que no basta con racionalizar y necesitás entender … y de ese entendimiento emergen cosas que quieren decir que no te son indiferentes. Y ese cambio es bueno para todas las personas porque les permite defender argumentos para dialogar, confrontar y debatir con respeto, sin maltratar ni ensuciar a otras personas (algo tan usual últimamente). Debatir sobre la sociedad de proximidad en la que estamos inmersos, así como asuntos más genéricos tipo racismo y colonialismo, de como eso nos condiciona porque somos parte de una minoría creciente y como percibimos esos asuntos desde la perspectiva de un feminismo que lucha por las mujeres más pobres en la mayor parte del mundo. Quizás los artículos (que recomiendo leer) de Coral Herrera Gómez lo ilustran mejor…»La crisis de la masculinidad postmoderna»; «La deconstrucción de la masculinidad patriarcal»; «El mito del hombre romántico»; «La violencia de género y la masculinidad»; «Nuevas formas de ser hombre»; «Hombres que no hacen sufrir por amor»; «No a los machos alfa, sí a los nuevos hombres»; «Declaración Universal de los Privilegios del Hombre»; «Pobrecitos». Resumiendo, Herrera da una visión crítica y transformadora de lo masculino, y sugiere a mujeres y hombres a cuestionarse los roles de género y construir relaciones justas y satisfactorias para todas las personas.
Temas clave en sus artículos sobre hombres
Coral Herrera ha escrito numerosos artículos y libros que abordan la masculinidad desde una perspectiva feminista, criticando el patriarcado y explorando nuevas formas de ser hombre. Sus textos reflexionan sobre el amor romántico, la violencia de género, la masculinidad tradicional y la necesidad de deconstrucción de los roles de género.
«La crisis de la masculinidad postmoderna«:
Herrera analiza cómo los hombres se enfrentan a la pérdida de referentes masculinos tradicionales y la necesidad de adaptarse a una sociedad en transformación.
«La deconstrucción de la masculinidad patriarcal«:
Critica los mandatos de género que oprimen a hombres y mujeres y propone la creación de nuevas masculinidades más libres y saludables.
«El mito del hombre romántico«:
Desmonta la idealización del hombre romántico y atormentado, mostrando cómo esta figura puede generar sufrimiento y dependencia emocional.
«La violencia de género y la masculinidad«:
Relaciona la masculinidad patriarcal con la violencia de género, señalando la necesidad de abordar las raíces culturales de la violencia.
«Nuevas formas de ser hombre«:
Enfatiza la importancia de que los hombres se trabajen sus masculinidades, asuman responsabilidades emocionales y construyan relaciones más igualitarias.
«Hombres que no hacen sufrir por amor«:
Alaba a los hombres que se deshacen de los mandatos del patriarcado, se responsabilizan de sus emociones y construyen relaciones más saludables.
Algunos artículos específicos:
«No a los machos alfa, sí a los nuevos hombres»:
En este artículo, Herrera defiende la necesidad de superar los modelos de masculinidad tradicionales y abrazar nuevas formas de ser hombre, más autónomas y responsables.
«Hombres que ya no hacen sufrir por amor»:
Este artículo explora cómo los hombres pueden liberarse de las expectativas románticas y construir relaciones más igualitarias.
«Declaración Universal de los Privilegios del Hombre»:
En este artículo, Herrera denuncia los privilegios masculinos y la opresión que ejercen sobre las mujeres.
«Pobrecitos»:
Este artículo critica la actitud victimista de algunos hombres y la necesidad de que asuman su responsabilidad en la construcción de relaciones más igualitarias.
En resumen, Coral Herrera ofrece una visión crítica y transformadora de la masculinidad, invitando a hombres y mujeres a cuestionar los roles de género y construir relaciones más justas y satisfactorias
MATERNIDAD/PROFESION MATERNIDAD/PROFESION – Angie Simonis
«La revolución feminista, como se ha expresado repetidamente hasta casi convertirse en un tópico, ha sido la única revolución histórica de la humanidad que no ha empleado la metodología guerrera patriarcal para lograr sus fines. No se ha disparado un solo tiro (si exceptuamos, permítaseme la ironía, los disparos de Valerie Solanas a Andy Warhol, que tampoco tuvieron motivaciones de índole feminista, sino más bien personal),no se ha lanzado una sola bomba, no se han invadido territorios, no se han derrocado gobiernos para conquistar cuerpos y mentes y adherirlos a la causa feminista: ha sido la única revolución que ha respetado escrupulosamente el principio de la vida. Es indudable, hay que reconocerlo, que las estrategias de los movimientos de mujeres apuntan hacia el cambio de paradigmas y la práctica de la autoconciencia, puntales del ya añejo feminismo de la diferencia. El trabajo de los movimientos de mujeres actuales no se rige por la imposición de programas dogmáticos, sino que opta por las tácticas relacionales, por contactar de forma directa con las problemáticas de las mujeres, conocerlas a fondo e improvisar las soluciones adecuadas a cada caso y contexto. Y promueve, en todos los casos, la autorreflexión individual que conduzca a cada mujer a asumir su papel en el mundo como sujeto actuante y constructora de su propia experiencia, adecuándolo seguidamente a su entorno colectivo. Las grandes líderes mundiales de los movimientos de mujeres suelen partir de su vivencia personal cuando relatan su experiencia como «autoridad» a la que siguen millones de seres humanos, desde ejemplos emblemáticos como Rigoberta Menchú o Teresa de Calcuta a otros más mediáticos como los de Waris Dirie, todo ello al más puro estilo de Kate Millet. Incluso otro tipo de líderes más acordes al modelo patriarcal, como puedan ser las de la alta política o la alta economía, como la argentina Cristina Fernández de Kirchner, la estadounidense Hillary Clinton o la alemana Ángela Merkel, imprimen un matiz de «diferencia» en sus actuaciones que las hace ser bien odiadas, bien admiradas, pero siempre especialmente recordadas.
Respecto a la tan traída y llevada cuestión de la maternidad en el feminismo de la diferencia, creo que ha sido mal entendido y utilizado de forma tergiversada para argumentar en su contra. La maternidad es algo real con lo que tropezamos las mujeres en todos los momentos de nuestra vida, ya sea para practicarla o negarla, así como la realidad de nuestros ciclos biológicos. Tampoco el alcanzar más modernidad o igualdad con los hombres va a lograr que nuestros ciclos biológicos desaparezcan. El programa del feminismo igualitario no ha logrado mermar las desventajas que la biología femenina genera en nuestra sociedad: seguimos teniendo que elegir entre una maternidad y una profesión, seguimos sufriendo una mala atención ginecológica y ninguna consideración o reconocimiento social hacia nuestros problemas menstruales o menopáusicos, seguimos teniendo, incluso han aumentado, conflictos generacionales con nuestras madres.. Tener libertad para ser madres y controlar la concepción no ha cambiado las ideas sobre la maternidad de la sociedad patriarcal y androcéntrica, sino que las ha radicalizado aún más en casos como el aborto o la anticoncepción, de manera que seguimos dándonos de bruces, periódicamente, con la falta de autonomía sobre nuestros cuerpos y la dependencia de los criterios morales a la hora de legislarlos cada vez que hay un debate social sobre estos temas. En realidad, parece haber una percepción tergiversada de la maternidad que la acerca más a concebirla como una condena en lugar de como un poder exclusivo de , que es lo que debería considerarse desde un pensamiento feminista empoderado. En las mujeres, se quiera ser madre o no, el poder existe y puede adquirir un carácter trascendente si se lo rodea de una simbología adecuada: el poder de ser madre es el poder de crear vida. Por tanto, todas las mujeres son creadoras, tengan hijos o no, de la vida que nos rodea. Creadoras de vida y de su propio destino. Precisamente la creación femenina es lo que más busca negar, controlar e incluso destruir el patriarcado y es el objetivo último de la recuperación del orden simbólico de la madre: siendo creadoras somos poderosas. Sólo siendo y sintiéndonos poderosas las mujeres podemos acometer acciones que cambien la sociedad.»
(Angie Simonis – Universidad de Alicante) (es un trocito de «El ensayo sobre el poder ancestral de la Diosa y el Matriarcado»)